El Instituto de Rehabilitación Arroyito (IRA) cumplió 25 años y la Cooperadora, al igual que durante todos estos años, estuvo presente no sólo en los festejos sino también a través de la donación de materiales de jardinería para la comunidad terapéutica que depende del Servicio de Adicciones del Hospital Provincial Neuquén.

“Estamos acompañando al IRA que es parte del Hospital Neuquén. Estamos presentes hoy porque la Cooperadora siempre estuvo presente. En este momento, entregando material de trabajo que es de mucha utilidad. Vamos a seguir acompañando a Arroyito”, indicó Adrián Lammel, presidente de la Cooperadora del Hospital Provincial Neuquén.

“Aprovechando esta conmemoración, recibimos la donación de elementos para ser utilizados en los talleres de huerta y jardinería. En este caso, recibimos carretillas, palas y demás. Estos forman parte de las tareas de mantenimiento del predio pero también son de laborterapia para los paciente”, dijo Malvina Carrizo, jefa del Servicio de Adicciones. Y agregó: “Queremos agradecerles una vez más por contar con su apoyo ya que entienden la problemática con la que trabajamos. La Cooperadora siempre ha estado trabajando con nosotros, a la par”.

Entre los materiales entregados por la Cooperadora se encuentran dos carretillas de 70 litros, una escalera de aluminio, dos palas anchas, dos palas corazón, dos picos, dos barrehojas, dos palas reforzadas, dos palas layas y dos asadas con cabo Biassoni. Además, se entregaron 12 pares de fuentes.

El acto contó con la presencia de actuales y ex pacientes, trabajadores y funcionarios. Y, además, estuvo presente la primera persona que llegó a lo que es hoy el Instituto de Rehabilitación de Arroyito. Incluso antes de que comenzara a funcionar: Catalina Vargas. “Yo estaba internada en el hospital Neuquén por adicciones. Me dijeron si quería ir a un lugar que vamos a abrir. Les dije que sí. Y así llegué a Arroyito. Era todo yuyo. Estuve un año entero aquí hasta que salí del Instituto con trabajo. Volver hoy es increíble. No lo reconozco. Estoy contentísima de volver y encontrarme con viejos compañeros y los profesionales”, contó.

EL IRA comenzó a funcionar en el año 2000 y, quienes allí se encuentran, conviven en casas, compartiendo un espacio común de comedor, biblioteca y espacio de TV, dentro de un gran predio donde desarrollan sus actividades, tanto terapéuticas como de laborterapia.

La internación de los pacientes es voluntaria, para esto la admisión se realiza a través de un equipo interdisciplinario de profesionales, quienes evalúan el perfil de la persona para determinar si corresponde este tipo de tratamiento en esta comunidad terapéutica. Es un tratamiento intensivo que dura entre 6 y 12 meses, dependiendo de cada paciente.

Durante la internación se trabaja con los pacientes sobre la importancia de la convivencia y sus capacidades y habilidades tanto sociales como laborales. El trabajo terapéutico involucra a la familia y el entorno referente, partiendo de que la problemática abarca múltiples dimensiones de la persona, y no se circunscribe sólo al consumo problemático de determinada sustancia.

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